Había una vez un señor muy amable en el pueblo, que ayudaba a los demás y era muy amable con todos. Tenía muchos amigos.
El pueblo se llamaba Santa Rosa de Cabal, un pueblo reconocido por su chorizo delicioso y también por los huevos. Y tú sabías que nos decían «hueveros», y tú pensarás por qué nos llamaban así. Bueno, nos llamaban así porque Santa Rosa era un pueblo donde se fabricaban muchos huevos, y por eso nos empezaron a llamar así.
Pero Santa Rosa tenía un pequeño problema, y el problema es que hacía calor, pero a veces hacía mucho frío y la gente se quejaba.
Por eso, un día un señor muy amable —que fue el señor que te conté al inicio, que se llamaba José Arturo— tuvo una idea y dijo:
—¿Qué tal si creamos un lugar donde haya piscina caliente y también piscina fría? Pero quiero que la piscina fría provenga de una montaña.
Y así fue como José Arturo comenzó a crear lo que había pensado. Cuando lo creó, en 1854, pensó: «¿Qué nombre le ponemos a esta creación?». Pasaron varios días y dijo: «¿Qué tal si le ponemos Termales de San Vicente?».
Y así fue como la gente empezó a disfrutar de los Termales, y toda la gente vive feliz hasta ahora, y mucho más.
En este lugar de los Termales se pueden ver las montañas, los ríos maravillosos, colibríes, mariposas, etc.
Con el pasar del tiempo José Arturo dijo:
—Los Termales que creé se están llenando mucho; me doy cuenta de que a la gente le ha gustado esta creación.
Pensó por un momento: «¿Por qué no hacemos otros Termales para que más gente pueda disfrutar de estas maravillosas aguas?». Así fue como se crearon los dos maravillosos Termales. La gente vivió feliz para siempre.
Pueden disfrutar de la maravillosa naturaleza, y todos vivieron felices.
Pero lo que no sabía la gente era que el agua caliente y el agua fría provenían de una montaña… pero esta historia te la contaré después.
Fin.
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