Escritos por exploradores

Un sueño entre el vapor de la montaña

En un barrio humilde, en las montañas verdes de las veredas de Risaralda, vivían Samuel y Lina, dos hermanos que compartían un mismo sueño: algún día conocer los Termales de Santa Rosa de Cabal. Habían escuchado hablar de ese lugar mágico donde el agua caliente nacía de la tierra y el vapor abrazaba las montañas como si fueran un secreto antiguo. Cada día ese sueño crecía más cuando escuchaban a muchas personas hablar de ese lugar maravilloso; así aumentaba más la ilusión y el deseo.

Su abuelo, don Julián, solía contarles historias mientras se sentaban en la puerta de la casa al caer la tarde. Les hablaba de la naturaleza, del valor del agua y de cómo antes los ríos eran limpios y llenos de vida. Pero siempre terminaba diciendo lo mismo:

—Ese lugar es muy lindo, mis niños, pero no siempre alcanza el dinero para ir.

Un día, algo inesperado ocurrió. Personas de los Termales de Santa Rosa de Cabal llegaron al barrio y organizaron una reunión con la comunidad. Contaron que tenían un programa especial para las personas de los barrios y veredas más necesitadas, y que querían regalar entradas para que todos tuvieran la oportunidad de conocer ese lugar tan especial.

Cuando dijeron que entregarían entradas, el corazón de Samuel y Lina empezó a latir más rápido, felices porque también podían ponerse los vestidos de baño con dibujos de pececitos que sus papás les habían regalado, e iban a jugar en esas aguas tan especiales. Y cuando escucharon su nombre en la lista, no lo podían creer. Por primera vez, ese sueño parecía volverse real; solo querían que el tiempo pasara volando para ir a las aguas calienticas.

El día del viaje, fueron con su abuelo. Al llegar, quedaron maravillados: el sonido del agua, el vapor cálido, los árboles altos, los pájaros cantando. También hacía mucho frío, que con el agua calientica no se sentía; por eso lo único que querían era estar dentro del agua. Todo parecía vivo y en armonía.

Un guía les explicó que esas aguas eran un regalo de la naturaleza y que, por eso, era tan importante cuidar el medio ambiente: no botar basura, proteger los animales y valorar cada gota de agua.

Samuel entendió que ese lugar no solo era para descansar, sino también para aprender. Lina observó cómo todos respetaban el entorno y pensó que así deberían ser todos los lugares del mundo.

El abuelo, con los ojos brillantes, les dijo:

—Hoy aprendimos algo muy importante: cuando cuidamos la naturaleza, ella también nos cuida.

Al regresar a casa, los niños ya no solo soñaban con volver a los termales, sino con enseñar en su barrio lo que habían aprendido: cuidar el agua, respetar la fauna y proteger el medio ambiente.

Y así, gracias a un programa que abrió puertas y corazones, los Termales de Santa Rosa de Cabal no solo regalaron entradas, sino también conciencia, esperanza y sueños que ahora viajaban de barrio en barrio, como el vapor que se eleva desde la montaña.

Ilustración de «Un sueño entre el vapor de la montaña»
Yeikol Andrés Giraldo

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